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Túnel
Te he esperado en el túnel de los miedos,
por donde en ciega soledad camino.
¿A qué temo? ¿Qué acoso me amenaza?
¿Y qué espero de ti, en este sombrío
momento de mi vida
en que me ha abandonado el regocijo?
Está la tarde triste
como los ojos del chaval perdido,
el lecho de la esposa abandonada,
el eterno almanaque del exilio.
Si rompe el alba en un matiz opaco,
si el pan no sabe a pan, ni el vino a vino,
si el silencio no es paz, sino abandono,
y si con lágrimas de sangre escribo,
tal vez el roce de tu piel restaure
las cosas a su estado primitivo.
Este túnel inmensamente largo,
por el que voy sin fe, sin lazarillo,
sin el arco de luz en lejanía
que fuera umbral, promesa e incentivo,
estos lúgubres miedos,
sean imaginados o legítimos,
se enredan a mis pies como grilletes,
me amordazan la boca, y cada grito
se me asfixia al nacer; mi paso es lento,
mucho más que el tic tac de mis latidos;
no sé a veces si avanzo o retrocedo,
y no sé a veces si en verdad camino.
Si el vestigio sutil de tu fragancia,
si el revuelo fugaz de tu vestido,
si el acento cordial de tu palabra
me abordaran a impactos de suspiro;
si me dieras la mano,
se restablecería el equilibrio
de mente y sentimiento
que un día tuve, que perdí yo mismo.
Si entraras en el túnel de mis miedos…
Si vinieras conmigo…

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