


Poemas escritos y en la voz de:








- Sinfonía Triste
-
- ¿Quieres robar el misterio
- a la tierna luna blanca?
- ¿ Quieres poner alhelíes
- en jarrones de oro y
plata?
- ¿Quieres buscar en el
bosque
- manantiales de agua clara?
- ¡Hazlo niña de la tarde
- mientras mi esperanza
canta!
-
- Este día... ¡Yo no sé!
- siento que delira mi alma.
-
- Van tres pobres caminando
- rumbo a la verde montaña,
- en sus vestidos morados
- la lluvia fresca resbala.
- Sin prisa, por los niveles
- del corazón, alguien baja
- resonando los tacones
- y entonando una plegaria.
- El gemir de los violines
- se diluye entre las almas,
- un piano desesperado
- armoniza con las arpas.
- Toda la música implora,
- toda la música estalla,
- ¡caen cirios encendidos
- y la casa prende en llamas!
-
- Yo tuve un amor ¡tan
grande,
- que en el absurdo rayaba!
- hoy, al saberlo distante,
- siento que el aire me
falta.
- Quisiera extender mi mano
- de pirámides y espadas
- por la fría oscuridad
- de las noches estrelladas,
- y sujetar de las trenzas
- las inmensas nubes blancas
- para soltarlas de nuevo
- antes de rayar el alba.
-
- En el techo de mi cuarto
- se extienden guías de parra
- chispeando intensamente
- formando otra vía láctea.
- Cupido cae en el pasto
- y las flechas de su aljaba
- esencia de amor dispersan
- sobre la hierba mojada.
- Más que yo, nadie conoce
- la indiferencia de tu alma,
- la emoción no me estremece
- cuando a la puerta alguien
llama.
-
- ¿De qué nos sirve hacer
nidos
- en penachos de altas
palmas?
- si no engendramos polluelos
- que saben batir sus alas.
- ¡Cuánto necio hay en el
mundo!
- Un jinete, esta mañana,
- por ir corriendo a su amor
- se despeñó en la barranca.
- Dicen que no era suicida
- porque en su pecho llevaba
- con el afán de su afecto,
- persistencia y esperanza.
-
- Estoy muriendo... ¡lo
siento!
- está delirando mi alma,
- y no puedo contener
- imágenes ni palabras.
-
- ¡La música va llorando!
- Locuras inanimadas
- atrapan las ocho piernas
- de sorprendidas arañas.
- En el pueblo de regresos
- donde tenía mi casa
- hoy cantan las golondrinas
- canciones testamentarias.
- Al hablar con los espejos,
- el dolor de mis palabras
- rebota y se desintegra
- sobre las paredes blancas.
- y todo empieza a subir
- por la gran noche
estrellada
- entre doblar de tambores
- y repicar de campanas.
-
- Este día... ¡Yo no sé!
- está delirando mi alma.

|

Escuchas este poema en la maravillosa voz de:






O escríbeme



Diseño de:



















|