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Bodas de Sangre
Acto tercero
Cuadro primero
- ¡Calla!
-
Desde aquí yo
me iré sola.
-
¡Vete! ¡Quiero
que te vuelvas!
-
-
¡Calla, digo!
-
-
Con los
dientes,
-
con las manos,
como puedas.
-
quita de mi
cuello honrado
-
el metal de
esta cadena,
-
dejándome
arrinconada
-
allá en mi casa
de tierra.
-
Y si no quieres
matarme
-
como a víbora
pequeña,
-
pon en mis
manos de novia
-
el cañón de la
escopeta.
-
¡Ay, qué
lamento, qué fuego
-
me sube por la
cabeza!
-
¡Qué vidrios se
me clavan en la lengua!
-
-
Ya dimos el
paso; ¡calla!
-
porque nos
persiguen cerca
-
y te he de
llevar conmigo.
-
-
¡Pero ha de ser
a la fuerza!
-
-
¿A la fuerza?
¿Quién bajó
-
primero las
escaleras?
-
-
Yo las bajé.
-
-
¿Quién le puso
-
al caballo
bridas nuevas?
-
-
Yo misma.
Verdad.
-
-
¿Y qué manos
-
me calzaron las
espuelas?
-
Estas manos que
son tuyas,
-
pero que al
verte quisieran
-
quebrar las
ramas azules
-
y el murmullo
de tus venas.
-
¡Te quiero! ¡Te
quiero! ¡Aparta!
-
Que si matarte
pudiera,
-
te pondría una
mortaja
-
con los filos
de violetas.
-
¡Ay, qué
lamento, qué fuego
-
me sube por la
cabeza!
-
-
-¡Qué vidrios se me
clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar y puse un muro de piedra entre tu casa y la mía. Es verdad. ¿No lo recuerdas? Y cuando te vi de lejos me eché en los ojos arena. Pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta. Con alfileres de plata mi sangre se puso negra, y el sueño me fue llenando las carnes de mala hierba. Que yo no tengo la culpa, que la culpa es de la tierra y de ese olor que te sale de los pechos y las trenzas.
-¡Ay qué sinrazón! No quiero contigo cama ni cena, y no hay minuto del día que estar contigo no quiera, porque me arrastras y voy, y me dices que me vuelva y te sigo por el aire como una brizna de hierba. He dejado a un hombre duro ya toda su descendencia en la mitad de la boda y con la corona puesta. Para ti será el castigo y no quiero que lo sea. ¡Déjame sola! ¡Huye tú! No hay nadie que te defienda.
-Pájaros de la mañana por los árboles se quiebran. La noche se está muriendo en el filo de la piedra. Vamos al rincón oscuro, donde yo siempre te quiera, que no me importa la gente, ni el veneno que nos echa.
-Y yo dormiré a tus pies para guardar lo que sueñas. Desnuda, mirando al campo, como si fuera una perra, ¡porque eso soy! Que te miro y tu hermosura me quema.
-Se abrasa lumbre con lumbre. La misma llama pequeña mata dos espigas juntas. ¡Vamos!
-¿ Adónde me llevas ?
-A donde no puedan ir estos hombres que nos cercan. ¡Donde yo pueda mirarte!
-Llévame de feria en feria, dolor de mujer honrada, a que las gentes me vean con las sábanas de boda al aire como banderas.
-
-También yo quiero
dejarte
si pienso como se piensa. pero voy donde tú vas. Tú también. Da un paso. Prueba. clavos de luna nos funden mi cintura y tus caderas.
-
-
¿Oyes?
-
-
Viene gente.
-
-
¡Huye!
-
Es justo que yo
aquí muera
-
con los pies
dentro del agua,
-
espinas en la
cabeza.
-
Y que me lloren
las hojas.
-
mujer perdida y
doncella.
-
-
Cállate. Ya
suben.
-
-
¡Vete!
-
-
Silencio. Que
no nos sientan.
-
Tú delante.
¡Vamos, digo!
-
-
¡Los dos
juntos!
-
-
¡Como quieras!
-
Si nos separan,
será
-
porque esté
muerto.
-
-
Y yo muerta.
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