Nunca te tengo tanto como cuando te
busco
sabiendo de antemano que no puedo
encontrarte.
Sólo entonces consiento estar
enamorada.
Sólo entonces me pierdo en la
esmaltada jungla
de coches o tiovivos, cafés
abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de
parques
o de espejos, pues corro tras de
todo
lo que se te parece.
De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache,
es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores
comparo
con el azul celeste o el verde
malaquita
que por tu pecho yo desabrochaba.
Deliciosa congoja si creo
reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel
nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de
mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo
comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde
sólo tu imagen
prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para
siempre estés.