- Croquis de
silencio
-
- La luna enfermó de
anemia
- la juventud del
paisaje,
- se durmieron los
caminos
- con su cansancio
de lacre.
- Y un concilio de
cigarras
- con su canto
inoxidable
- perfora por los
talones
- la mansedumbre del
aire.
- Rendidos por el
silencio
- se doblegan los
ramajes,
- la savia trepa en
sordina
- sus verdes
funiculares,
- y fustigando la
inercia
- con desdén
inapelable,
- se crucifica la
tierra
- en los puntos
cardinales.
- Descalzo vaga el
reposo
- sobre la alfombra
del valle;
- cuando un insecto
se mueve,
- escandaliza al
boscaje.
- Para tocar el
rocío
- la noche consiguió
guantes,
- y el perfume de
las rosas
- pisa en puntillas
el aire.
- Todo converge
sumiso
- a la anquilosis
reinante.
- Está amordazado el
nido
- y el rumor de los
panales.
- Solamente en mi
cerebro,
- con ruido de
tempestades,
- estallan los
pensamientos
- como granadas de
sangre.
- Soy un Quijote
irredento,
- producto de otras
edades.
- He sobornado el
insomnio
- con largueza de
magnate,
- y cuando llega la
noche,
- resucito a
Rocinante
- para correr por
las venas
- un galope de
ideales.
- Yo busco causas
eternas,
- en accidentes
triviales,
- el termómetro del
río
- me da la fiebre
del valle,
- pulso el ritmo de
los astros
- sobre la arteria
del aire,
- y en siete granos
de arena
- reconozco siete
mares;
- sorprendo en la
mariposa
- una bandera sin
mástil,
- y en las antenas
del grillo
- la vibración de un
mensaje.
- Siento gestar la
semilla
- cuando analizo el
estambre,
- y sorprendo en el
cocuyo
- una sortija
volante;
- sueño con largos
caminos
- simplones de la
tarde,
- con un gajo de
luceros
- en el límite del
viaje,
- con un retazo de
azul
- sobre la cumbre
distante,
- y con la novia
sencilla
- de los ojos
nigromantes
- crucifiqué la
esperanza
- sobre una cruz de
rosales.
- Ya conozco la
nostalgia
- y sé que duele en
la carne,
- con una espina me
basta
- para clavar el
paisaje,
- y sólo pido a la
vida que
-
me deje a Rocinante

Escuchas este poema en la voz de
Rodrigo Correa Palacio |