-
La
más callada
-
- Yo fui
la más callada
de todas las que hicieron el viaje hasta tu
puerto.
No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
mi ruta era la música salvaje de los pájaros
que soltaba a los aires mi bondad en revuelo.
No me cargaron buques pesados de opulencia,
ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
encima de los buques mi rostro aparecía
silbando en la redonda sencillez de los vientos.
No pesé la armonía de ambiciones triviales
que prometía tu mano colmada de destellos:
sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
el trágico abandono que ocultaba tu gesto.
Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
Te parecías al mar, resonante y discreto.
Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
Sobre mí tú seguiste como el sol en los pétalos.
Y caminé en la brisa de tu dolor caído
con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
tu vida era un profundo batir de inquietas
fuentes
en inmenso río blanco corriendo hacia el
desierto.
-
- Un día, por las playas
amarillas de histeria,
- muchas cosas ocultas de
ambición te siguieron;
- por tu oleaje de
lágrimas arrancadas al cosmos
- se colaron las voces
sin cruzar tu misterio...
-
- Yo fui la más callada.
- La voz casi sin eco.
- La conciencia tendida
en sílaba de angustia,
- desparramada y tierna,
por todos los silencios.
-
- Yo fui la más callada
- La que saltó la tierra
sin más arma que un verso.
- ¡Y aquí me veis,
estrellas,
- desparramada y tierna,
con su amor en mi pecho!
