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Rhythm & Blues por los
Niños Negros
Me miran inocentemente limpios
los ojos de esos niños. Me interrogan
con esa transparencia que una imagen
nos puede transmitir desde un silencio
anónimo de culpa y de esperanza.
Me miran sin hablar, sin ser apenas
paisaje que se pueble de mirada,
icono que me nombra y no percibo
impávido en mi sed de noticiarios.
Me miran inocentemente limpios,
testigos de un sabor de hambre y de tiempo,
me miran acusadamente mudos,
calladamente insomnes e irredentos.
Me miran sin saber, no me conocen,
el verbo conocer no es lo que importa,
me miran sin excusa, sin pretexto,
sencillamente miran.... y me miran.
Me miran aceradamente fríos,
me miran añoradamente tiernos,
me miran con la luz que en la distancia
los ojos miran hondo en los adentros.
Me miran con el hambre de mil siglos
terriblemente lúcidos y muertos,
me miran con la sed de lo no visto,
me miran acabadamente abiertos,
me miran con gemidos inaudibles
pupilas de un naufragio sin remedio,
me miran desde cuerpos arrasados,
me miran desahuciadamente ciegos,
me miran y me miran y me miran
y yo cierro los ojos ... y me vuelvo.

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